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Tiempo Y Espacio Al Inicio Del Universo



Autor: Jorge Benítez R.

Photo credit: melschmitz from morguefile.com
La existencia de algo real —en su expresión más simple y llana— es su posibilidad de estar en el espacio-tiempo o de manifestarse, lo cual implica su presencia dentro de un contexto. La relación con un contexto es una cualidad inherente a las cosas reales por su misma realidad, pues nada existe fuera de un contexto, ya que existencia implica posibilidad de relación o de interacción. El filósofo Xavier Zubiri, quien desarrolló una amplia y sólida teoría sobre la estructura y la dinámica interactiva de la realidad, nos habla de una condición fundamental: la respectividad de lo real. A tal efecto, él afirma que todo lo real lo es ‘en respectividad', o sea, que todas las cosas reales existen en respectividad con el mundo. Y la respectividad es la referencia de las cosas reales a algo, por su misma condición de existir o de ser reales. De hecho, él define el mundo como una integración de respectividades. Sin la respectividad entre las cosas u objetos del mundo, no habría hechos o fenómenos físicos tangibles, como el color (con sus matices o tonalidades), el brillo, el peso, la presión, la atracción, la repulsión, el roce, la fricción o el calor, entre otros. Y tampoco habría fenómenos físicos intangibles como la intuición, la intelección, la conciencia, la sensación —entre otras—, pues toda intuición es "intuición de" y toda sensación es "sensación de". En síntesis, todo lo que existe lo es en interacción respectiva con algo.
El presente ensayo parte de una interrogante: ¿Fue la fase primaria del universo el inicio del espacio-tiempo? Consideraremos tal posibilidad independiente de la noción del Big Bang. Citemos, como punto de partida, las afirmaciones de dos notables filósofos —Kant y Zubiri— sobre el tiempo y el espacio. Kant considera el tiempo como una forma pura de nuestra sensibilidad (algo netamente teórico), como una noción humana resultante de nuestra sensibilidad asociada al fluir de las cosas. Zubiri agrega a esto que el tiempo no existe per se, sino sólo asociado a las cosas reales, que no tiene sustantividad propia o carece de autonomía entitativa, pues sólo es el ‘siendo' de las cosas. Entonces, surge una primera duda: ¿marcó ese instante y su fluir inmediato el inicio de algo que sólo los humanos —no existentes para ese momento— podrían percibir o sentir? Bueno, —podría objetar alguien— se trata de inferir hoy el inicio, en el pasado más remoto, de lo que los humanos calificamos como tiempo. Y esta respuesta sólo sería aceptable si queremos significar que a partir de ese instante empezaron a existir cosas reales que fluyen, y que ese fluir —si hubiese habido seres humanos entonces, lo habrían percibido como tiempo—. Bueno, de momento, no podemos llegar a una conclusión con respecto al tiempo en ese instante, pues debemos pasar a considerarlo junto con el problema del espacio, y la relación de ambos con el mismo proceso.
Hemos hablado de fluir, que equivale a movimiento y es una característica fundamental de la vida, ¿quiere decir esto que el inicio de las formas más elementales de la materialidad también marcaron el inicio del espacio? Pero, resulta que el espacio es la otra forma pura de nuestra sensibilidad o intuición humana, algo teórico o intangible, según Kant. Dice el filósofo que tiempo y espacio son formas de organización de la experiencia humana con los objetos, o sea, no son atributos de los objetos, sino de nuestra experiencia con ellos. Y destaca él que la Geometría no estudia las propiedades de los objetos, sino los modos de nuestra facultad de intuición acerca de los mismos. Con el aporte kantiano, el problema del espacio se invirtió con respecto a su formulación clásica, ya que ahora los objetos no son una condición de nuestra experiencia del ‘espacio', sino que el espacio es una condición de nuestra experiencia de los objetos. Es algo muy curioso, pues aún siendo el tiempo y el espacio sólo nociones humanas algo teórico e intangible— ambas nociones se han convertido en dos de las variables más importantes de la Física, la ciencia de lo material, del mundo físico. En efecto, con tales nociones —constructos teóricos o intangibles— se han creado fórmulas o ecuaciones que interpretan la realidad, que al ser contrastados con experiencias reales y medibles, aportan resultados matemáticamente exactos.
Reformulemos la pregunta anterior: ¿El inicio del universo fue también el inicio del espacio? Casi de inmediato, pensamos que sí, pues el proceso de expansión generado fue ocupando o —más bien— ‘haciéndose' ¿lugar o espacio? Bueno, para seguir fluyendo digamos que fue haciéndose lugar. No podemos decir ocupando lugar, pues implicaría que ya existían lugares. Y dentro del paradigma kantiano —que nadie ha rechazado hasta el momento— tampoco podríamos decir ‘haciéndose espacio', pues al no existir los humanos era imposible hablar de espacio. Entonces, para los elementos materiales —y también los no materiales— generados a partir del instante ‘inicial', el hacerse lugar implicaba encontrar o —quizás más bien— ‘generar' donde desplazarse e interactuar. Pero ¿encontrar o generar qué? Hemos dicho inicialmente ‘lugar' para fluir en el discurso, como un comodín literario que nos permitiera llenar temporalmente un vacío de explicación. Pero ahora, con clara conciencia de ese vacío, nos damos cuenta que lo que ocurrió —paralelo e intrínseco a esa expansión— fue un proceso de materialización de la realidad, que se convertiría posteriormente en lugares desde la perspectiva humana.
Así, al referirnos al instante ‘inicial' sólo estamos hablando del inicio de la presencia activa de las cosas reales —aún de las más mínimas como los neutrinos, y más tarde los primeros átomos y moléculas—, o de la dinámica vital de las interacciones y el desplazamiento de las cosas reales y su correspondiente duración, entendida ésta como su permanencia en la condición de ser/estar. Ahora bien, al hablar de desplazamiento implicamos la ‘noción' de espacio en toda su amplitud. Y cuando hablamos de ‘lugar' estamos refiriéndonos a la localización instantánea o estable y específica de cosas materiales, o también de un medio —o entorno— donde transcurren hechos. Los lugares están íntimamente asociados a cosas reales, las cuales siempre están ‘en ubicación y en interacción'. El espacio —como noción humana y en su sentido más amplio— engloba o abarca todos los lugares posibles. Alguien diría que los animales se mueven en lugares y contestaríamos que sí pero sólo desde la perspectiva humana, pues donde realmente se mueven los animales es en un ámbito material, y somos los humanos quienes lo concebimos como lugar, pues la respectividad de lo real—en tanto que noción— es sólo inferible por nosotros, aunque  —como fenómeno— pueda ‘afectar' a los animales.
Es interesante insertar aquí una cita del filósofo Maurice Merleau-Ponty, tomada de su Fenomenología de la Percepción, donde distingue el espacio ‘geométrico' del ‘espacio antropológico' como espacio "existencial", lugar de una experiencia de relación con el mundo de un ser esencialmente situado "en relación con un medio" (fin de la cita). En efecto, sin humanos, no hay espacio ni lugar, sino sólo materialidad. Y esto es especialmente cierto y significativo porque ambas nociones traen consigo otra crucial noción humana: la de límite, en sus dos versiones: fáctico o impuesto por la realidad, y arbitrario o concebido por el humano, donde se juega con lo difuso, con la noción de sentido, de un más allá de todo límite y de todo logro. Desde el momento en que el ser humano apareció y adquirió conocimiento, la realidad empezó a ser modificada —y hasta alterada— por él. Por ello, el mundo exhibe hoy una gran cantidad de cosas reales que hace décadas o siglos —según el caso— simplemente no existían, no eran reales; sólo estaban sujetas a la posibilidad de ser, pero una posibilidad captada por una idea o noción humana; y luego se generó, por un acto de voluntad humana de naturaleza netamente simbólica, un proceso de acciones para pasar lo limitado por el ámbito de posibilidad al ámbito de realidad. Tiempo, espacio, límite y posibilidad de ser son entidades simbólicas, no reales, pero significan lo intangible o inmaterial afectando la realidad material —abriendo huecos en lo real, como dicen otros—, y nos hablan a favor de la representabilidad e interpretabilidad de la realidad.
Volvamos a la noción de espacio y al paradigma kantiano. El universo continuó —y aún continúa hoy— expandiéndose, lo que nos sugiere que esa expansión es posible porque existe espacio para la misma. Sin espacio no es posible el movimiento; el espacio es necesario para la expansión —aunque sea espacio vacío—. En este caso, podríamos hablar de un espacio invisible, que no significa inexistente, pues el que algo sea invisible sólo lo es para los humanos, por nuestra incapacidad para captarlo, pero lo podemos inferir como hemos inferido diversos aspectos del invisible microcosmos que luego han sido comprobados, aunque sólo haya sido en forma indirecta u oblicua. Y que ese espacio sea inmaterial —el vacío puro— tampoco significa irrealidad, pues así como las fuerzas que constituyen el modelo estándar de física de partículas, desde su inmaterialidad inducen cambios en lo real, en la materialidad, no por ello son irreales. Aquí se inserta, en todo su sentido o significación, la noción de ‘algo' formulada por Pascal, como lo que simplemente establece la diferencia con la nada, y por ello existe o no deja de ser. ¿Por qué muchos rechazan la noción de lo espiritual, por ser algo inmaterial o intangible, y —sin embargo— aceptan la existencia de fuerzas carentes de masa o "partículas inmateriales" como algunos bosones de Gauge, o como el bosón de Higgs?
Continuando, nos preguntamos ¿por qué Kant dijo que el espacio es sólo una noción humana, algo vinculado a nuestra sensibilidad, que no existe fuera de nuestra mente? Pues sí, lo es porque sólo nosotros somos capaces de inferirlo, de llegar a la conclusión de su existencia. Y decimos ‘existencia', aún no siendo existencia real, pues se trata de una cuasi equivalencia semántica del existir y de provisorio valor sustitutivo, ya que al haber generado las conocidas ecuaciones que integran las nociones de espacio y tiempo, hemos llegado a resultados que han sido confirmados por el funcionamiento del mundo físico y con matemática exactitud, o sea, concuerdan con la realidad. Y, por otra parte, esa noción humana de espacio no es más que expresión de la realidad en tanto que las posibilidades que ésta ofrece al ser y al movimiento de las cosas. ¿Será cierto entonces lo que algunos filósofos actuales afirman: que pensamiento y realidad son congéneres? Esto último implicaría que la realidad tiene estructura simbólica, lo cual parece ser respaldado por el reconocido físico Roger Penrose, quien —al referirse a la coexistencia armónica de lo material, lo mental y las matemáticas—, afirma que "Los vínculos entre ellos son un misterio, pero de alguna manera el mundo físico actúa con gran precisión de acuerdo con las matemáticas… podemos hacer predicciones y calcular cosas con enorme precisión, y eso tiene que ver con las matemáticas que subyacen en la física". Y él hasta llega a considerar que las matemáticas son como algo paralelo que existe junto con la realidad, o sea, que no son un invento sino un descubrimiento humano: el descubrimiento de algo que existía desde siempre al lado de la realidad.
 Vida es movimiento con una direccionalidad o sentido, y al mismo tiempo es capacidad generativa en acción. El inicio del universo —llámese Big Bang o fase primigenia— pudo haber sido el arranque del proceso de materialización de la realidad, y su mecanismo activador quizá pudo haber sido la fuerza de gravedad, como afirma Stephen Hawking, pero —obviamente— nunca fue el origen mismo. El origen es algo que escapa a todo intento de indagación o elucidación, porque implica preguntar ¿por qué? y ¿para qué?, que ni siquiera podemos calificarlas de preguntas ontológicas, sino teológicas. La Lógica no puede dar respuestas a las preguntas sobre el origen porque sólo puede llegar a conclusiones basadas en premisas, y el origen está más allá de todo punto de partida y de todo punto de llegada. Pero quizás las preguntas más desafiantes sean: ¿Y cuando ese movimiento no consciente se convirtió en vida consciente e inteligente? y ¿Por qué, en la existencia humana, lo simbólico —significaciones, valoraciones y expectativas— sobrepasa y puede llegar a convertirse en condicionante, y hasta en negación de lo biológico?
A manera de conclusión provisoria, y sólo según la argumentación desarrollada acá —que podría ser desmentida por cualquiera que exponga sus razones convincentes—, diremos que el inicio del universo no significó el inicio del tiempo, ni tampoco el origen del Universo. Ese instante —la gran explosión de la luz— sólo fue el inicio del proceso de materialización de la realidad, de una realidad que ya existía en su potencialidad entitativa intrínseca y conformaba —entre otras cosas más importantes— lo que nosotros denominamos espacio, que no es simple ámbito para el movimiento sino el ámbito global de las cosas, de los sucesos y de las posibilidades inherentes a lo que aún no es... La noción de lo Absoluto sigue ahí, subyacente, detrás o asociada a la noción de contexto de la realidad global, un contexto actuante, como un misterio; como el misterio de las ‘partículas' inmateriales portadoras de fuerzas y como los bosones de Higgs, de los cuales depende que las cosas materiales tengan materia.
Cerramos con la interesante comparación ofrecida por el físico teórico de la Universidad de Columbia Brian Greene sobre el campo de Higgs, al decir que es como un inmenso lago o "…una especie de melaza… invisible, pero aún estamos todos inmersos en ella", y "Cuando partículas, como los electrones, tratan de moverse a través de la melaza, experimentan una resistencia, la resistencia es lo que nosotros, en nuestro mundo, pensamos que es la masa del electrón" (fin de la cita). Pero aún sigue siendo un misterio la existencia misma de ese campo y los bosones que lo configuran, como también lo es la necesaria asimetría materia-antimateria, la materia oscura que llena el Universo y la energía oscura que acelera la expansión del espacio-tiempo, que han sido formulaciones teóricas adelantadas por los físicos para poder disponer de una explicación de la dinámica funcional del Universo, constructos teóricos que les permite obviar o soslayar provisoriamente el misterio. Pero… la realidad sigue siendo —esencialmente— misteriosa.
Por: Jorge Benítez R.
Citas recomendadas:
Entrevista de Ana Tabarro a Roger Penrose:
http://arteyciencias.blogspot.com/2010/05/el-reto-de-la-fisica-es-explicar-como.html
Entrevista de Pablo Jáuregui a Roger Penrose:
http://www.elmundo.es/elmundo/2006/10/17/ciencia/1161080064.html
Entrevista de CNN a Brian Greene:
http://mexico.cnn.com/tecnologia/2013/03/14/cientificos-estan-un-paso-mas-cerca-de-la-verdad-sobre-el-boson-de-higgs

Fuente del Artículo: http://www.articuloz.com/monografias-articulos/tiempo-y-espacio-al-inicio-del-universo-7035399.html
Sobre el Autor
Egresado en 1977 de la facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo, en Valencia, Venezuela. Aficionado a la Filosofía e integrante del Grupo de Reflexión Filosófica Criterium Veritas.