Autor: DemócritoHoy parece una impertinencia, una temeridad, el manifestar que los adherentes a la (anti)relatividad einsteiniana no entendieron su significado y que su autor tampoco. Difícil es encontrar quien esté dispuesto a enterarse de semejante cosa: la gente confía y amolda su vida según lo que nos sueltan las usinas de creencias; claro que no faltan, entre los bombardeados con ellas, quienes advierten sus inconsistencias y contradicciones y creen, ingenuamente, estar obligados a advertir sobre el asunto a las usinas que correspondan. Demás está decir que tales iniciativas se descartan automáticamente como «ocurrencias de chiflados».
Para colmo —encima de la consabida inercia de los paradigmas científicos—, en el ámbito de la física rige, o así mismo lo parece, un mandato milenario que consiste en ocultar la nada a como dé lugar. El ‘campo de Higgs' es el último invento del anti-relativismo con ese fin, porque dicho ‘campo' no es la nada: la colma, la desplaza, la oculta, como así también lo hace el ‘espaciotiempo' de Einstein, y así antes lo hacían el ‘éter' de Fresnel y el ‘espacio absoluto (sensorio divino)' de Newton. Cabe mencionar al más antiguo de los entes anti-relativistas conocidos, ya entonces utilizado para escamotear la nada de Demócrito: el espacio de Zenón de Elea, de Aristóteles y de la escolástica; tan real y consistente que los cuerpos ocupan lugares en él, y, en una famosa competencia, se interpone entre Aquiles y la tortuga impidiendo a «el de los pies ligeros» alcanzar a su rival.
Aunque Einstein nunca lo supo (o tal vez sí lo supo, cuando ya era tarde para retractarse, ¡tantos honores y homenajes había recibido en su vida! De ahí —tal vez— su foto, sacándonos la lengua, ya viejito). Pero supongamos que Einstein no sabía que su "relatividad" es anti-relativista, una desatinada adaptación del éter de Lorentz.
El éter de Lorentz —al igual que el anti-relativista éter de Fresnel— es un supuesto ente universal, único y omnipresente, que a su vez es la substancia de los campos (gravitatorio, electromagnético, etc.) y el medio de propagación de las ondas producidas en estos, pero el de Lorentz traía una novedad: la de contraer los cuerpos que se mueven en él, y, como si más extravagancias fueran necesarias Einstein propuso lo siguiente…
En el año 1917 Einstein escribió un libro llamado ‘El significado de la relatividad', en el que puede comprobarse que del significado de la relatividad no tenía la menor idea. El verdadero —y absurdo— significado de su invento es el siguiente, abra los ojos: «Cada sistema inercial está inmóvil en el éter de Lorentz».
Esa es la razón —según se deduce del enfoque einsteinista y aunque los einsteinistas no tengan consciencia de ello—, por la cual un experimentador siempre mide la misma velocidad de luz en el vacío.
Cada observador en su sistema inercial —como lo habrían "comprobado" los físicos experimentales con sus interferómetros—, es solidario al único éter de Lorentz, ¿se da Ud. cuenta de lo contradictorio de esta idea y del peso, sobre el tierno cerebro de Einstein, del subjetivismo filosófico?
Para Einstein —sin consciencia de la flagrante contradicción entre su enfoque y el principio de relatividad—, cada observador en su sistema de referencia se encuentra en un mirador privilegiado, en un punto de vista absoluto, inmóvil en el éter de Lorentz, por lo tanto todo lo que se mueve lo hace con velocidad absoluta respecto de él. Es por eso que en todos los sistemas inerciales —salvo en el propio—, los interferómetros de Michelson-Morley que en ellos hubiere se contraen en la dirección de su movimiento y según su velocidad, y a la luz le toma un tiempo mayor realizar el trayecto de ida y vuelta por sus brazos.
Pero para los observadores esos fenómenos extraños no ocurren en su propio sistema de referencia, porque, como ya se explicó —y ese es el verdadero significado de la "relatividad" einsteiniana—, «cada observador en su sistema de referencia está en reposo en el único éter de Lorentz».
El aceptar este absurdo y el suspender la lógica es lo mismo. Al poco tiempo el indefendible éter, así camuflado, quedó al cobijo del principio de autoridad, lejos de la crítica. Que semejante fraude haya sido mundialmente deglutido, y defendido ferozmente, no podría entenderse si no supiéramos del clásico «horror a la nada» de las clases sacerdotales y de las élites aristocráticas con ellas entretejidas: Sócrates se encontraría inmóvil en el éter al igual que José. Pero, según Einstein, Sócrates y José no tienen por qué estar inmóviles uno respecto del otro como mandan las leyes supremas del pensamiento. Según este autor, el primero puede estar viajando entre galaxias a altísimas velocidades y el segundo: reposando en nuestro planeta.
Después de ver ese desatino, el lector puede animarse a coincidir en que cada cuerpo material es el centro de un sistema infinito cuya interacción con otros sistemas, de algún modo, se manifiesta como gravedad y demás fuerzas.
En cada sistema inercial, los tiempos de recorrido de la luz por los brazos de los interferómetros (de Michelson-Morley) no son otros que estos:

Este resultado relativista contradice la explicación einsteiniana con los denominadores gemelos, lo que demuestra que su teoría, contrariamente a lo que se enseña en las universidades, no explica en modo alguno el resultado del famoso experimento de óptica realizado en Cleveland en 1887, ya que el instrumento estaba, obviamente, en su propio sistema de referencia en esa ocasión.
El resultado obtenido por Michelson y Morley es el indicado por las expresiones de arriba. No es necesaria ninguna contracción de Lorentz ni teoría rara que lo justifique. No hay paradojas en la teoría de Einstein sino absurdidades a raíz de otras. La Naturaleza, por lo menos en este caso, se comportó de acuerdo con las leyes de Newton.
En la Naturaleza no hay dilatación del tiempo, contracción de longitudes e incremento de la masa con la velocidad. Huelga decir que si en las ecuaciones, la velocidad —intrínsecamente relativa—, es supuesta constante, los términos constantes —la masa y el tiempo— se volverán variables. Y si hay equivalencia entre la masa y la energía, como los hechos parecen confirmar, la explicación tiene que ser muy distinta de la inferida desde un principio falso: la constancia de la velocidad de la luz.
Aunque los físicos contemporáneos crean verlos todos los días, los mencionados "fenómenos relativistas" nunca existieron, sino otros muy mal interpretados. Parecen encandilados por los destellos de las explosiones atómicas: « ¿Cómo es posible semejante explosión? ¿De dónde salió tanta energía?»
Pero, por otro lado, ¿Cuál es la función de la fuerza nuclear? ¿No es que aprisiona —en minúsculos núcleos—, a millonadas de millones de protones que entre sí se repelen, y con más fuerza cuanto más próximos se encuentran?
Aunque la masa no se transforme en energía, da miedo pensar que pasaría si encontráramos el modo de liberar tales partículas al mismo tiempo. ¿Sería otro tipo de explosión atómica o estamos hablando de la misma?
Nadie adhiere a la teoría de Einstein por razonamiento, sino por confianza irreflexiva en el principio de autoridad y por atavismos que desaconsejan aislarse de la manada, como en tantas otras creencias.
Desde otro enfoque, la historia de la física y de la filosofía parece ser, salvo excepciones como la de Galileo, una cronología de los medios utilizados para ocultar el milenario punto de vista materialista, existente también entre los físicos de la antigua Jonia. Según Carl Sagan, si estas ideas hubieran prevalecido, hoy tal vez la humanidad estaría colonizando la galaxia (Serie Cosmos: El origen de la filosofía).
¿Qué era lo que decían los filósofos jonios hace veinticinco siglos? pues, que la realidad consiste en unidades mínimas e indivisibles de materia que se mueven en la nada, ¡átomos y nada! En el año 1906 se suicidaba Ludwig Boltzmann asqueado de la comunidad científica, según se dice, y de su rechazo a considerar la existencia de átomos, ¡en mil novecientos seis!
La existencia de los átomos fue aceptada al poco tiempo, gracias a Einstein según hemos leído, pero la nada no. Que se tenga noticia, la nada es resistida, con diferentes argumentos, desde la época de los mencionados jonios, y desde hace cien años el recurso para desconocer la nada es la (anti)relatividad einsteiniana, porque, como ya se explicó, la «constancia de la velocidad de la luz» y el «espaciotiempo» son artificios para el escamoteo de la nada. La nada, se sobrentiende, no es un referente de movimiento (Aquiles y la tortuga), no es susceptible de deformación elástica, no propaga ondas ni dicta la trayectoria de los cuerpos en el espacio (TRG), no se expande (Big Bang), ni tiene "dimensiones", ni energía, ni genera materia. De otro modo ¿qué clase de nada sería?
Para terminar, una pregunta nada original al improbable lector:
Según la teoría del Big Bang, el espaciotiempo se expande y la densidad del Universo disminuye. Entonces... ¿hacia dónde se expande el espaciotiempo? ¿Qué es lo que hay fuera de su superficie en expansión?
— ¡La nada! —dirá Ud. seguramente. Pues no, ¡qué esperanza la suya!
Es como si el propósito de una teoría fuera negar la nada a toda costa, no importa lo absurda que se vea, importa que la nada no pase y quien mejor realice el trabajo mayores honores recibe. Según Hawking, lo que hay fuera del espaciotiempo en expansión es: "un falso vacío súper denso", inimaginablemente denso. ¿Qué le dije? no por nada es el icono de la ciencia actual. Si Ud. alguna vez se preguntó dónde termina el Universo, Hawking tiene la respuesta: en un inmenso e infranqueable paredón.
Fuente del Artículo:
http://www.articuloz.com/monografias-articulos/el-eter-de-einstein-5790314.htmlSobre el AutorCincuenta y ocho años; Esposo y padre; A los 17 años se me atragantó el principio de constancia de la velocidad de la luz; Jubilado de la marina mercante. Técnico mecánico electricista; Cuatro años de ingeniería electromecánica; maquinista naval superior (jefe de máquinas); ingeniero en mantenimiento industrial.
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